Ubicada geográficamente en un punto intermedio entre las operativas presas de Guri y Caruachi, Tocoma fue diseñada para aportar 2.160 MW adicionales a través de 10 potentes turbinas Kaplan. A pesar de ser una pieza clave para la estabilidad energética de la nación, la cruda realidad es que esta magna obra lleva más de 10 años completamente paralizada y no ha generado ni un solo megavatio en toda su historia.
La raíz del fracaso: Deudas, sobrecostos y corrupción
El estatus de Tocoma como una obra inconclusa no es producto de deficiencias técnicas insalvables, sino del colapso institucional y financiero. El análisis de su paralización revela tres causas fundamentales:
- El colapso de los pagos: El detonante principal ocurrió alrededor de 2014, cuando la contratista argentina IMPSA, encargada de proveer los vitales equipos electromecánicos y las turbinas, entró en default porque Corpoelec acumuló una deuda con ellos de aproximadamente 1.200 millones de dólares. Ante la falta de liquidez, la instalación de los equipos se detuvo abruptamente.
- La sombra de Odebrecht: El proyecto había sido adjudicado en 2007 al consorcio OIV, donde la empresa brasileña Odebrecht tenía el 50 % de la participación. Durante las investigaciones internacionales, Odebrecht admitió haber pagado al menos 118 millones de dólares en sobornos exclusivamente relacionados con los contratos de Tocoma.
- Un presupuesto desangrado: Quizás el dato más alarmante de su fracaso histórico son sus finanzas. El presupuesto original de la represa estaba calculado en US 8.900 millones. El Estado venezolano gastó casi el triple del dinero proyectado sin poder inaugurar la planta.
El amargo contraste: 87 % listo, 100 % inoperativo
La tragedia de Tocoma como "elefante blanco" se magnifica al observar el terreno. Según los registros, la represa tiene un avance físico en sus obras civiles del 87,19 %, e increíblemente, el embalse se encuentra lleno de agua desde el año 2015.
El contraste es desolador: mientras las enormes paredes de concreto y la represa física están prácticamente terminadas, el corazón de la planta —turbinas, generadores y sistemas de control electromecánico— se encuentra incompleto y abandonado.
Hoy en día, el rescate de Tocoma representaría un alivio monumental para el sistema eléctrico, ya que aportaría una capacidad equivalente a toda la central de Caruachi. Sin embargo, reactivarla requerirá cientos de millones de dólares adicionales para terminar de instalar las turbinas y reparar los severos daños por tantos años de abandono. Ante la incapacidad del Estado para asumir este costo en solitario, los expertos sugieren que la única ruta viable será atraer inversión privada mediante esquemas como el BOT (Build-Operate-Transfer), lo que permitiría finalmente despertar a este gigante dormido.
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